Te invito a una tarde con el sol que cae sobre ti, a un sol que muere sobre nosotros, con la arena tan fria que el único calor son nuestro pechos, con la inmensidad naranja encima de los dos. Te invito a a esa oscuridad que cae cuando muere la tarde y nace eso que no sé describir todavia, con todo tan calmo que la respiración interrumpiría esas palabras de lujúria que dirías sin poner comas. Te invito a que me pongas a prueba de fuego con todas esas cosas que me harías, a que me muerdas la palabras de la boca, a que no me dejes terminar cada frase de afecto. Te invito a que me desconozcas en cada movimiento, a que me vuelvas loco con cada parpadeo, con cada rasguño en mi espalda que no dolerían hasta la mañana después de desperdirte dos semanas después, y sí, por qué no invitarte a quedarte dos semanas en mi cama, para que le pongas nombre a cada uno de mis lunares, a esos que tengo en el pecho, en los hombros y en la cara, que juguemos entre las sábanas desayunando cosquillas, risas y tostadas con café, por qué no. Te invito a esas mañanas de desvelo que te das una vez a las quinientas, de esas que sientes que siempre faltó algo y no sabes qué era antes de las tostadas. Te invito a que no quieras salir de mi cuarto, por esas cosquillas que son tan ricas, que te hacen reir aunque estés cansada de hacerlo, una y otra vez. Cansada. Te invito a que no quieras despedirte dos semanas después, a que te pese poner tres besos en mi mejilla, dos entre mis palabras y un pié fuera de mi. A que después de dos semanas quieras quedarte un mes, y de eso un par más hasta que pierdas la cuenta de cuantos años llevamos haciendo lo mismo y darnos cuenta que las cosquillas saben mejor en una cama más grande que la de aquella tarde con el sol que caia sobre ti y que un sol moria sobre los dos, con la arena tan fria que el único calor eran nuestros pechos.
x dutch
Hace 9 años.